EL ARTE DE TOREAR
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Introducción |
La pasión por el toro en España viene de antiguo. Ya en las prehistóricas pinturas rupestres aparecen dibujos de toros. Así se fue desarrollando poco a poco el arte de torear, hasta llegar a lo que hoy en día conocemos como la lidia del toro bravo. Esta variedad bovina, evolucionada de los toros egipcios y los uros europeos, ha convertido al toro bravo español en una raza única, presente tan sólo en la Península ibérica, el sur de Francia y en Hispanoamérica.
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El toreo, tal como hoy lo conocemos, se remonta a finales del siglo XVII y principios del XVIII. En 1701, para celebrar la coronación de Felipe IV, se celebra en Bayona una corrida de toros navarros en la que se comienzan a ver los lances de capa de "El Licenciado de Falces", magistralmente inmortalizado por Goya en un aguafuerte. Esos lances dan origen al toreo de capote que hoy conocemos.
Es en la primera mitad del XVIII cuando nacen los tres grandes padres de la tauromaquia: Joaquín Rodríguez Costillares ( Sevilla 20 de julio de 1729), José Delgado Guerra "Pepe-Hillo" (Sevilla 14 de marzo de 1754) y Pedro Romero (Ronda 19 de noviembre de 1754).
Desde entonces, y hasta nuestros días, este espectáculo ha formado parte de la cultura española y ha sido importantísima inspiración para el arte. Las obras de maestros como Mariano Benlliure, José Ortega y Gasset, Pablo Picasso, Ernest Hemingway, Orson Welles y Vicente Blasco Ibáñez son una buena muestra de ello.
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El traje de luces
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Es el traje con que se visten los toreros de a pie. Debe su nombre a los efectos brillantes que sus adornos producen al reflejar la luz. Hasta el siglo XVIII estos trajes estaban confeccionados en ante, pero desde entonces y hasta hoy, se hacen de seda y se adornan con oro o plata. Se compone de:
Montera : es uno de los elementos del vestuario que más ha evolucionado. Hasta el siglo XIX se utilizó el sombrero de tres picos, pero desde entonces se usa la montera, que está confeccionada con un tejido rizado muy similar al cabello y abundante en terciopelo.
Chaquetilla : chaqueta corta que llega hasta la cintura. Verdadera obra de arte profusamente adornada de alamares en oro y plata. De las hombreras cuelgan los machos. Es extremadamente rígida y está abierta por las axilas para favorecer los movimientos del torero.
Taleguilla : calzón muy ajustado y sujeto con tirantes que llega hasta las rodillas. En la parte inferior se ajusta con machos. Se le añade un fajín a modo de adorno.
Medias : generalmente de color rosa, suelen llevar debajo otras blancas.
Coleta : antigua moda del siglo XVII, que hoy persiste con el objetivo de sujetar la montera. Actualmente, la coleta es postiza. El acto de cortarse la coleta significa retirarse del toreo.
Corbatín : cinta muy fina, generalmente de color negro, que se anuda como corbata.
Camisa : normalmente blanca y adornada en la parte delantera con chorreras.
Capote de paseo: con la forma de un capote, pero algo más pequeño, es por lo general el elemento más lujoso del vestuario del torero. Suele estar adornado con distintos motivos que pueden incluir figuras religiosas.
Machos: borlas con las que se ajusta la taleguilla.
Zapatillas: son de color negro, no llevan tacón y tienen una suela especial para evitar resbalones. Encima llevan un lazo de adorno.
Capote: tela de fibras sintéticas, muy pesada y con forma de capa, que sirve para torear y burlar al toro.
Muleta: tela más ligera y pequeña que el capote, de color rojo, utilizada por el matador durante la faena para templar y encauzar la embestida del toro.
Estoque: espada con la que se mata a los toros. Está ligeramente curvada en la punta.
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El paseíllo
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Es el paseo que realizan las cuadrillas por el ruedo al principio de la corrida, con objeto de presentarse ante el Presidente del festejo. En la primera fila se colocan los tres matadores; a la izquierda, el diestro más veterano; a la derecha, el segundo en orden de antigüedad, y en el centro, el más novato. Flanqueando a los matadores, se encuentran los alguacilillos a caballo. En las filas segunda, tercera y cuarta se sitúan los subalternos de cada diestro, según la veteranía de su principal. En las filas quinta, sexta y séptima se colocan los dos picadores de cada matador, en el mismo orden que los subalternos. Cierran el paseíllo los monosabios y el personal de la plaza.
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El toreo a capote
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Del capote se sirven matador y subalternos para recibir al toro en su salida al ruedo, y se utiliza tanto en acciones artísticas como de brega. Debido a su peso, ha de sujetarse con las dos manos y se utiliza en todas aquellas suertes que implican correr al astado, pararlo, fijarlo y ponerlo en suerte. Es utilizado por el matador en los dos primeros tercios (varas y banderillas), y por su cuadrilla durante toda la lidia. Sus principales lances son:
Verónica: es el más utilizado para recibir al toro. El torero, sujetando el capote con las dos manos, cita al morlaco adelantando el capote y retrasando la pierna contraria para atraer la embestida. Al acabar, se adelanta la pierna que antes se retrasó, con lo que el torero queda colocado para la siguiente verónica.
Media verónica: variante de la verónica, en la cual el torero, apenas sobrepasado por el astado, recoge el capote de costado, y le hace girar a su alrededor. Suele ser la manera de rematar una serie de verónicas.
Largas : lances en los cuales el torero suelta el capote de una mano. Admite muchas variantes.
Gaonera : pase que se realiza con el capote cogido por la espalda, con una mano puesta en la cintura y extendida la otra, que es la que lleva al toro.
Chicuelina : inventado por el maestro "Chicuelo", es uno de los pases más repetidos. El torero cita como para una verónica, pero cuando el toro embiste, el diestro gira en sentido contrario al del morlaco.
Porta Gayola: se recibe al toro nada más salir de chiqueros, de rodillas y mostrándole todo el engaño. Es una suerte muy peligrosa y espectacular.
Faroles : el torero pasa el capote por encima de su cabeza y gira el cuerpo para quedar situado frente al toro al terminar el lance.
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Primer tercio : suerte de varas
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Se realiza a caballo y tiene la finalidad de medir la bravura del animal y dosificar sus fuerzas para el resto de la lidia. El picador clava la puya para hacer sangrar al toro y comprobar su reacción ante el castigo. Esto también le resta vigor a su embestida. La indumentaria y los instrumentos del picador son:
Castoreño : sombrero rígido confeccionado con pelo de castor en color miel. Se adorna con la moña.
Chaquetilla : bordada en oro, pero sin alamares. Lleva protectores.
Calzona : corta, confeccionada en gamuza de color hueso.
Puya : se coloca al extremo de una vara y tiene forma de pirámide triangular, con 29 mm. de alto y 20 mm. de base en cada triángulo. Una cruceta evita que la puya penetre en la piel del toro más de lo debido.
Hierros : son las armaduras que se utilizan para proteger las piernas del picador. La de la pierna izquierda, que es más corta, impide que el empuje del toro la aplaste contra las tablas. La de la derecha, conocida como 'mona', protege directamente de las cornadas del toro.
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El desarrollo de la suerte se divide en tres etapas básicas:
1. Cita. Se llama la atención del morlaco para que embista al caballo. Lo más artístico es coger el palo corto y hacerlo deslizar por la mano ('tirar el palo'), intentando detener al toro con el adelantamiento de la vara, antes de que choque con el peto.
2. Encuentro. Se señala el puyazo y se carga el castigo; la puya hará sangrar al toro a la altura del morrillo. Su reacción ante el castigo es fundamental para evaluar la bravura del toro. Si es manso, suele huir. Debe embestir tres veces al caballo.
3. Salida. Cuando el toro ha recibido el puyazo, hay que dejarlo salir: es muy importante no cerrarle esta opción. Una vez que el toro sale del castigo, los toreros comprueban el estado en que ha quedado y si es necesario un nuevo encuentro con el caballo.
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Segundo tercio : Banderillas
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El tercio de baderillas es uno de los momentos más espectaculares de la corrida. Se produce una vez que los picadores han abandonado el ruedo. Así como el primer tercio tiene como finalidad el castigo y quebranto del toro para evaluar su bravura, este segundo tercio tiende a reanimarle o alegrarlo ("alegradores" son llamadas también las banderillas) sin restarle fuerzas. Hasta mediados del siglo XVIII se colocaban de una en una y en cualquier momento de la lidia, pero desde entonces se colocan por pares y sólo en tres ocasiones. El cometido de banderillear está destinado a los subalternos (a los que también se denomina "banderilleros"), aunque en ocasiones es el propio matador quien realiza la suerte. Los pares de banderillas se pueden colocar de muy distintas maneras. Las principales son:
Al cuarteo: es la modalidad más frecuente. El toro se sitúa sobre la raya de picadores y el torero frente a él. Cuando el toro se arranca, el diestro saldrá hacia él describiendo un semicírculo hasta que se produce la reunión, momento en que debe clavar el par de banderillas en el morrillo del toro.
Al quiebro: el diestro se sitúa frente al toro (en las tablas o en los medios), provoca la arrancada de éste y lo espera con los pies juntos. Momentos antes del encuentro, sacará el pie e inclinará el cuerpo hacia el lado que quiere que pase el astado, y justo cuando éste humille, recuperará su posición original y clavará los palitroques.
De frente: es una variante del cuarteo, en la que se va de frente al toro y recorriendo el mínimo espacio.
Al sesgo: otra variante del cuarteo. La reunión se produce en los medios, el torero clava y sale sin cuartear.
De dentro afuera: el torero clava desde los adentros, es decir, pasando entre el toro y las tablas. Es bastante arriesgado.
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Tercer tercio: el momento supremo
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El último tercio de la lidia comprende la preparación del toro con la muleta para su posterior muerte a estoque. Es el más trascendental de la lidia y aquel en el que el maestro da una muestra más cumplida de su habilidad y su arte.
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Aunque todas las suertes del toreo son susceptibles de ser brindadas por el diestro a alguna persona, es en "la faena" donde la costumbre está más arraigada, amén de ser obligatorio el brindar la muerte del primer toro de cada espada al Presidente de la corrida, vestigio de las ceremonias de cortesía que impregnan la fiesta desde el siglo XVII.
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Al requerir el diestro los trastos de matar, lleva la muleta y el estoque cogidos con la mano izquierda, la montera en la derecha, y se encamina hacia la persona a quien desea ofrecer el brindis. Al llegar frente a ella, descubierto y con el brazo derecho extendido formulará las palabras de dedicatoria, tras lo cual arrojará la montera por encima del hombro. Si quiere dedicar la muerte del toro al público en general, arrojará la montera al ruedo. Dice la tradición que es signo de buen augurio que la montera quede boca abajo, y de malo si queda boca arriba, por lo que a veces el diestro vuelve la montera si quedó de este modo. Fue Joaquín Rodríguez Costillares quién comenzó a dar importancia a la faena, que es ahora el momento más decisivo y artístico de la lidia de un toro.
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Antaño era costumbre que la cuadrilla participara en la faena, cosa que ahora no sucede, salvo en contadas ocasiones y con protesta asegurada del público. Es durante la faena, y valiéndose de la muleta, cuando el maestro alcanza el mayor acoplamiento con el toro y realiza los pases más templados y sentidos de la lidia. Los principales pases de muleta durante la faena son:
Natural: sin ayuda del estoque, se sujeta la muleta con la izquierda. Se busca la distancia al toro, se adelanta el engaño y, cuando el toro inicia la arrancada, se adelanta la pierna izquierda para romper la trayectoria rectilínea de la res. Se deja correr la mano para mandar la embestida los más lejos posible y se remata siempre por bajo.
Derechazo: se utiliza la misma técnica que en el natural, pero cogiendo la muleta con la derecha y el estoque montado.
Pase de pecho: después de los naturales y derechazos, el toro gana terreno o se queda corto, por lo que se vacía la embestida de la res (que se viene encima) con este tipo de pase. El pase de pecho se da por alto y en el sentido contrario al del natural y el derechazo (depende de con qué mano se dé).
Trinchera : se realiza de derecha a izquierda, recortando la embestida del toro con un muletazo por bajo, con objeto de someterlo y fijarlo.
Una vez efectuada la faena artística al astado, ya éste quebrantado y fatigado, llega el momento supremo de la muerte del toro. Siempre la realiza el maestro (por lo que también se le denomina "matador") y es la culminación de la lidia.
Se realiza de frente al animal. El objetivo es introducirle el estoque en el hoyo de las agujas, para producirle una muerte lo más rápida posible. Hay distintas maneras de realizar esta suerte:
Recibiendo: es la forma más primitiva de matar los toros. Cuando la res tiene fuerzas para acudir al cite, el matador se coloca a una distancia adecuada y alineado con el pitón derecho, con la muleta ligeramente doblada, la mano derecha que lleva el estoque pegada al pecho, y el codo a la altura del hombro. Es el toro el que acude hacia el torero.
Volapié: es la manera de matar toros parados y sin fuerza. El torero se arranca hacia el animal, llevando baja la muleta en la mano izquierda y obligando a humillar al toro, al tiempo que con la derecha hunde el estoque. Es la manera más habitual de realizar la suerte.
Al encuentro: se arrancan toro y torero y se encuentran a medio camino.
Este momento de la estocada se puede realizar de dos maneras; depende de por dónde sale el torero una vez clavado el estoque:
Suerte natural: el matador sale entre las tablas y el toro.
Suerte contraria: el toro pasa entre las tablas y el matador.
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